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‹ Lore de Kings of War

Crónicas de Pannithor, parte 7: la magia

¿Qué es la magia en Pannithor, quién puede usarla y por qué los enanos prefieren no acercarse a ella? La chispa de la vida, chamanes que hacen de pararrayos, dragones y nigromantes, y los eruditos de Golden Horn que intentan poner orden en todo.

A lo largo de seis partes de las Crónicas, la magia ha estado en todas partes. Con ella empezaron los problemas de los elfos, de ella brotó la nigromancia, con ella construyó Calisor el Espejo y con ella inundó la Dama Verde el Abismo. Es hora de mirarla de cerca.

Primera parte: qué es la magia

La chispa de la vida

Unos la llaman alma, otros chispa de la vida, otros esencia. Debe de haber un centenar de nombres poéticos y ninguno le hace justicia del todo; dicen que ni siquiera la lengua élfica da la talla, y eso ya es decir.

Dicho de la forma más sencilla: la magia es la materia pura de la vida. Es lo que hace que un montón de carne y huesos respire y piense, y lo que mantiene unido todo lo que vive. Como recordamos de la primera parte, los primeros en aprender a servirse de ella fueron los elfos, para sorpresa de los propios dioses.

Un mago experimentado sabe doblegar la magia a su voluntad y lograr con ella las cosas más diversas. Solo que es un poco como un río. Se le puede poner un molino, se puede desviar con una presa, pero quien no sabe lo que hace acabará ahogándose tarde o temprano. La magia es poderosa e impredecible, y solo puede dominarla quien ha pasado por un buen aprendizaje.

¿Hay que nacer con ello?

En Pannithor se cree comúnmente que para la magia hace falta un talento innato. Las distintas comunidades, e incluso distintas escuelas dentro de un mismo pueblo, tienen sus propias tradiciones para elegir a los «dignos». La Order of the Ardent Light de Golden Horn solo acepta como alumnos a hijos de familias nobles capaces de demostrar algún vínculo, el que sea, con el propio Valandor. En Therennia Adar solo puede llegar a ser mago el primogénito o la primogénita de una casa noble.

La verdad, sin embargo, es que con la disciplina, el estudio y la concentración adecuados, muchos pueden aprender a dominar la energía mágica. Los límites los marcan la resistencia, la forma física y la capacidad de la mente.

Hay otra pega. Los eruditos la llaman simplemente la Fatiga. Cada hechizo le cuesta al mago un esfuerzo, tanto físico como mental. Cada vez. No hay magia gratis.

Segunda parte: cada uno hechiza a su manera

Orcos y goblins

Los orcos y los goblins también tienen su magia: tosca, pero magia al fin y al cabo. La energía en bruto con la que fueron moldeados se acumula cuando muchos de ellos se reúnen en un mismo sitio. Entonces los chamanes hacen de pararrayos: atraen esa energía y la dirigen, aunque más por reflejo que siguiendo plan alguno.

Las fuerzas de la naturaleza

Los druidas y chamanes de las fuerzas de la naturaleza se acercan a la magia de una forma completamente distinta. Para ellos, su flujo es sencillamente parte del equilibrio natural de la vida: un hilo más, cuyas crecidas y menguas hay que aprender a percibir. No intentan controlarla ni dirigirla, porque eso les parece una tosquedad. Más bien se consideran sus guías.

Los dragones

¿De dónde saca un dragón el fuego de sus pulmones? ¿Y cómo es posible que imponga su voluntad a otros con una sola mirada? La respuesta es sencilla: de la magia. Los dragones obtienen de ella buena parte de su poder, y sus capacidades crecen con la edad. Cuanto más viejo es el dragón, más peligroso.

Por eso los elfos de Alandar, célebres maestros de dragones, se vinculan a ellos cuando aún están prácticamente recién salidos del cascarón. Ni siquiera ellos estarían tan locos como para intentar imponer su voluntad a un dragón adulto. O al menos no con la esperanza de sobrevivir.

Los enanos

Los enanos evitan la magia. Tienen muy arraigada la convicción de que el único trabajo honrado es aquel en el que corre el sudor y se tensan los músculos. Además, por principio no les gusta adoptar costumbres ajenas, y la historia de Calisor Fenulian les sirve de advertencia sobre adónde lleva un entusiasmo excesivo por los hechizos.

Lo cierto es que los enanos, como todos los mortales, son físicamente capaces de usar poderes arcanos, aunque pocos lo hacen. Y en ellos se manifiesta de una manera de lo más peculiar. Los enanos tienen un vínculo especial con la tierra y la roca sobre las que se asienta el mundo entero, y a los dotados de ese poder los llaman «stonewise». Un enano así puede ser peligroso, porque, si nadie lo vigila, es capaz de provocar temblores en el mismísimo corazón de una fortaleza. No es de extrañar que los demás enanos lo miren con una mezcla de recelo, admiración y miedo.

Pero cuando queda bajo el ala de la Order of Stone y aprende a dominar su poder, se vuelve inestimable. Puede dar órdenes a la propia tierra e invocar elementales de tierra: colosos semiconscientes de barro y piedra que en el campo de batalla hacen añicos a los enemigos de los enanos.

Los nigromantes

Las formas más oscuras de magia acechan en el corazón de todo mortal, pero solo un necio toma ese camino. Además, la nigromancia es más variada de lo que creen los profanos. Algunos nigromantes encuentran el alma del difunto y la arrastran a la fuerza de vuelta al cuerpo. Otros parten su propia alma y trasladan fragmentos de ella al cadáver. Y otros roban energía a los vivos para mover cadáveres como marionetas.

Cada uno de estos métodos exige una concentración enorme y muchísima energía, así que solo los más dotados y mejor formados pueden dominarlos. Por eso los nigromantes son especialmente peligrosos. Rara vez alguno busca el poder sobre los muertos con fines nobles, y algunas de las mayores amenazas de la historia del mundo han salido precisamente de sus manos. Basta con mencionar a Mhorgoth the Faceless o al mismísimo Mortibris. ¿Os acordáis de cómo, en la primera parte, la nigromancia nacía del miedo humano a la muerte? Pues eso.

Tercera parte: la magia según los eruditos

Los eruditos de las universidades de Golden Horn, junto con los guardianes de los libros de la gran Euhedral Library, intentaron ordenar todo el saber sobre la magia. De ahí salió un tratado repleto de diagramas y nombres doctos. Estas son las cosas más interesantes que se desprenden de él.

Los cinco planos de existencia

Según los eruditos, existen cinco planos, cinco esferas por las que fluye la magia: el Material, es decir, nuestro mundo, y además el Empíreo, el Abisal, el Etéreo y el Astral.

La magia está en todos ellos, pero tira en una dirección: hacia el plano Astral y el Manto Arcano entre las estrellas. Cuando un mago libera una cantidad realmente grande, la magia es capaz de atravesar las fronteras entre los planos para llegar allí. Y esos destellos dejan tras de sí pasos por los que seres de otras esferas pueden colarse en nuestro mundo con una facilidad inquietante.

Dicho de otro modo: cuanto más poderoso es el hechizo, mayor es el riesgo de abrir de paso puertas que nadie debería abrir.

Los elementos y los principios primordiales

La primera división, y la más conocida, son los cuatro pilares de la naturaleza: fuego, aire, agua y tierra. La magia del hielo, o glaciomancia, se considera la quinta escuela elemental.

Muchos magos ven en estos cuatro elementos la única magia primigenia verdadera. Los eruditos de Golden Horn no están de acuerdo. Según ellos existen además tres principios primordiales, igual de importantes, si no más: la Naturaleza, la Muerte y la Vida. Y allí donde se tocan nacen fuerzas caprichosas y difíciles de domar: el Tiempo, el Espíritu y la Discordia.

La Brújula Arcana

La herramienta más importante de los eruditos es la Brújula Arcana: una rueda en la que se han trazado todos los tipos de magia conocidos, divididos en cuatro estratos.

El estrato universal abarca la astromancia, el saber arcano común y los hechizos menores. El estrato primigenio abarca las escuelas de los elementos y de la vida: aeromancia, piromancia, geomancia, hidromancia, glaciomancia, eritromancia, es decir, la magia de la sangre y de la vida, naturomancia, es decir, el druidismo, y, por último, la nigromancia.

Los otros dos estratos son opuestos entre sí. El noble es la Divinidad, la magia de la fe, de la que los eruditos escriben que «benditos en la luz de Domivar son quienes portan la Fe». Sí, el mismo Domivar que encerró a los Wicked Ones en el Abismo. El corrupto es la Hechicería, y de ella el tratado dice poco: enfermos, malditos y condenados son quienes recorren el sendero oscuro.

Alrededor de la brújula discurren tres sendas. Los Portadores de la Luz son el lado del bien; los Seguidores de la Oscuridad, el lado del mal; y entre ellos se encuentra el Sendero Imperturbable, el camino de quienes no toman partido por nadie.

Al margen, los eruditos rinden homenaje a un único mago: Valandor. Lo llaman el hechicero al que nadie igualará jamás, nacido de la escisión de los Celestiales.

El Sol, la Luna y la magia

Algunos eruditos creen que la magia está ligada al cielo y a las estrellas: crece y mengua al ritmo del viaje del Sol y la Luna por el Manto Arcano. Si tienen razón, Ohmpek y Lonok, de la primera parte de las Crónicas, todavía tienen algo que decir en esta historia.

Las herramientas del mago

La magia no son solo gestos vistosos. Se puede encerrar en objetos o usar para reforzar algo que ya existe. De ahí los pergaminos con hechizos, los elixires potentes, las armas encantadas y los artefactos. De ahí también los cristales nacidos de la magia. Incluso extraer cristales de poder de grietas naturales o montar dragones se considera un oficio mágico.

Lo que no está en la brújula

Los eruditos reconocen con honradez que su brújula no lo abarca todo. Hay escuelas de magia con las que alguien ya se ha topado, pero que los magos que gobiernan las universidades todavía no han reconocido oficialmente. Esas formas incipientes de magia se estudian bajo estricta vigilancia antes de entrar en los registros oficiales. Y hay otras que nadie ha descubierto aún, que han sobrevivido ocultas o que se tacharon de los registros para siempre.

Quién sabe qué aguarda en esos capítulos tachados.

Después de tantas guerras, de dioses contra mortales y de dioses contra dioses, Pannithor está literalmente empapado de magia. No hay forma de escapar de ella, vaya uno adonde vaya.

En la última parte de las Crónicas lo reuniremos todo en un solo lugar: de los Dioses Antiguos a la Inundación del Abismo, en una sola cronología.

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